Marta Simonet

“Nadie mejor que los residentes de ‘sa roqueta’ para descubrir y redescubrir al mundo los mejores rincones de la ciudad.”


Marta Simonet es una isleña empedernida con un pie en Madrid y otro en Mallorca. Enamorada de la comunicación que, tras un largo noviazgo en la televisión nacional, se casó con la comunicación online emprendiendo con su propia agencia creativa para marcas foodies. Se autodefine como “culo inquieto” de sonrisa perenne que no puede vivir sin el mar, sin ‘Laccao’ y, mucho menos, sin seguir aprendiendo un poco más cada día.

¿Qué significa para ti la fotografía?
La fotografía, para mí, es como parar el tiempo. Tengo tan mala memoria que, a menudo, las fotos me sirven para volver, a través de ella, al lugar en el que la hice y volver a sentir incluso el olor del momento. Llevo la cámara casi siempre (además de la del móvil), y muchas veces paseando me sorprendo viendo la vida como si se fuese localizando.

¿Qué es lo que más te apasiona de esta afición/profesión?
Me apasiona poder compartir con el mundo infinidad de detalles, momentos, lugares y bocados. Me encanta contarle al mundo a través de fotos qué estoy viendo, qué he descubierto o qué voy a hacer. Me fascina la capacidad de empatía que puede conseguir una imagen.

¿Qué cuentan de ti tus instantáneas? ¿Y qué hay detrás de ellas?
Cuentan quién soy, qué hago y a dónde voy. Hablan casi siempre sobre cualquier momento del día que puede ser especial, diferente. Desprenden luz, y creo que también consiguen decir algo sobre las ganas que tengo siempre de comerme el mundo.

¿Qué es lo que más te gusta fotografiar?
Atardeceres, mesas repletas de cosas y carcajadas. Me encanta cuando voy pasando las fotos que tengo en el móvil y de repente hay una de una carcajada, aunque sea mía. Contagian la risa. Las mesas porque además de formar parte de mi trabajo me parecen bonitas, la comida, los platos, las servilletas revueltas. Soy un caso: veo frutas y verduras bonitas y no me puedo reprimir a disparar. Y los atardeceres. Siempre digo que deberían durar por lo menos un par de horas más.

¿Por qué has elegido Instagram como plataforma de comunicación?
Mi trabajo es muy visual y considero que Instagram tiene la comunidad a la que le interesa lo que hago. No es una publicación tan efímera como en otras redes sociales. Cualquier usuario que caiga en tu perfil puede llevarse una imagen de quién eres o qué pretendes transmitir en sólo un vistazo.

¿Por qué crees que es importante que los ciudadanos participen en el concurso Palma365? ¿Cómo los animarías a participar?
Nadie mejor que los residentes de ‘sa roqueta’ para descubrir y redescubrir al mundo los mejores rincones de la ciudad. Participar en el concurso Palma365 y poder ofrecer una mirada personal de cada lugar me parece fascinante. Es una manera de recomendar y recomendarnos entre todos (a lo grande) cuántas cosas nos gustan de nuestra ciudad bonita. A qué restaurantes ir, qué caminos recorrer, en qué playas disfrutar…

Tres estaciones, tres planes. ¿Qué propuestas recomendarías hacer a quienes visitan Palma durante el invierno, la primavera, y el otoño?
En invierno, desayunar un chocolate calentito en Can Joan de S’aigo, pasear por La Murada para bajar la ensaïmada que has mojado en el cacao y dejarte querer por la chimenea de la terraza acristalada de il Forno. En primavera, hacer una siesta en la playa a media mañana, comer con los pies en la orilla y pasear por el Portitxol chupeteando el primer helado de la temporada. En otoño, pasear viendo brotar Ses Fonts Ufanes, comer en Santa Margarita y volver a Palma para tomar un vermut en La Rosa.

Y si tuvieras que elegir un solo rincón de Palma por encima de todos, ¿con cuál te quedarías?
¡Qué difícil! Me quedo con Génova, que es el lugar en el que nací. Entre el mar y na Burguesa. En realidad, me quedaría siempre en cualquier lugar de la isla en el que pudiera ver el mar rodeada de verde. Es Portitxol, un llonguet en Es Vaixell y la música del mar como fondo perfecto de cualquier conversación.

Si un amigo de fuera te dice que está planeando hacer un viaje a Palma, ¿qué plan le dirías que no se puede perder bajo ningún concepto?
No se puede perder ver amanecer con los pies colgando del Dique, pasear por el paseo marítimo, recorrer Es Jonquet y admirar los molinos, entrar en el Mercat de Santa Catalina y mientras sonríe con el barullo de los vendedores, pedirse un variat en Can Frau para seguir hacía Paseo Mallorca, Es Baluard y La Lonja. Le diría que comiese un arròs brut, lechona, caracoles y lo que surja para perderse un ratito más por el casco antiguo, entre la calle San Jaime, la Plaza Mayor y la calle San Miguel. Una cerveza a media tarde en L’Antiquari, un vasito de pinya en La Sifonería y a seguir caminando, que la isla es joven. El Castillo de Bellver, Na Burguesa y Es Portitxol justo cuando cae el sol. Un llonguet de sobrasada y mahonés, una copa de vino y una bicicleta para volver por el carril bici viendo La Seu a un lado y el mar al otro. Un día en Palma es como una botella de oxígeno.

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